Tenochtitlan-DF
Francisco Torres
Y por delante, la gran ciudad grisácea, cubierta de un manto como un velo que la esconde, con su lago subyacente al asfalto.
Presagios. Un diálogo confuso, inverosímil, entre dos imperios; dos formas de mirar el mundo, un solo objetivo: dominar. La espera del castigo de Quetzalcóatl. Naves quemadas sin retorno. Una batalla naval a 2,200 metros de altura. Guerreros águila y jaguar ensangrentados en las pirámides. Un imperio azteca destrozado por sus anteriores esclavos. Población casi extinta por las epidemias y la explotación despiadada para extraer el metal áureo. Pies quemados. Civilización lacustre.
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